
OREGANO En el teatro, nada es azar, todo tiene un sentido que se debe descifrar durante la función o posteriormente. El hecho teatral comienza tal vez en la boletería, o durante la espera. La sala, sea de manera premeditada o no, está llena de señales. Mi primer contacto directo con Orégano fue “gráfico”La octavilla de papel que sirve al mismo tiempo de publicidad y programa de mano, en tonos de grises, donde las imágenes dominantes son una suerte de blanco de tiro con el epígrafe “HUMOR ARGENTINO” y la ilustración de una situación sumamente violenta, que luego se repetirá resignificándose tal vez hacia el absurdo y la impotencia. En la gacetilla de prensa el dramaturgo y director, Sergio Lobo, señala que en Orégano intentó “retomar cierta tradición del humor argentino en el sentido en que lo plantea Abelardo Castillo, es decir: el humor de los argentinos puede llegar a ser negro, herético, paródico, incluso absolutamente cómico pero nunca es alegre. Por suerte, la gente comparte esta tradición y se ríe con ganas durante toda la obra, pero no deja de percibir esa cierta oscuridad detrás de cada mueca". No sólo hay oscuridad en cada mueca de los cuatro personajes, sino también una multiplicidad de situaciones absurdas y hasta grotescas (las primeras, carentes de lógica; las últimas, ancladas en un realismo deformado hasta la caricatura, pero fácilmente reconocible) que marcan el equilibrio inestable en que coexisten lo risible y lo trágico. En Orégano, lo absurdo aparece como un principio estructural de la dramaturgia, que refleja el caos, la desintegración del lenguaje –aspecto sobre el cual Lobo pone en boca de cada personaje una fresca e interesante reflexión indirecta- y la inexistencia de armonía en las relaciones humanas. La familia que aparece en escena es “típica” en el sentido más convencional: una pareja heterosexual, una hija y un hijo. Pero ni sus fisonomías, ni sus actitudes, ni su aspecto físico responden a esta presunta normalidad. En contraposición, la escenografía representa con fidelidad la modesta cocina-comedor de una casa humilde. Esta suerte de antítesis entre la apariencia de los actores y la del decorado reafirma la “distancia” del espectador respecto de lo que percibe, de manera que pueda analizar los hechos críticamente y no desde una identificación emocional o mimética. Los personajes intentan cohabitar en un espacio real y simbólico limitado. Buscan estrategias de resarcimiento a sus propias frustraciones y aunque les resulta necesario negar los obstáculos a los que deben enfrentarse, éstos terminan imponiéndose. Al final los padres desertan y los hijos, que son adultos y podrían redefinir sus vínculos escapando a las relaciones de violencia, reproducen como un automatismo aquello de lo que acaban de liberarse involuntariamente. El humor de la dramaturgia y la comicidad de las actuaciones permiten al espectador enfrentarse a una mirada desencantada del mundo sin sentirse abrumado por la misma; inclusive es probable que salga de la sala reconfortado por la risa. OREGANO Escrita y dirigida por Sergio Lobo
Miércoles 21 hs. Mayo 2005 / Liberarte - Corrientes 1555