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Las Preposiciones de la Lengua en la Cama

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LAS PREPOSICIONES DE LA LENGUA EN LA CAMA Nuestra CAMA matrimonial, occidental y cristiana, es como dice Foucault el lugar donde se ha confiscado la sexualidad permitida. Cama con predominio heterosexual que normativiza, no sólo como debe hacerse el amor en cada época, no se limita a eso simplemente- sino que en ella un hombre y una mujer sueñan con el sexo, con el amor, con el goce.

Él se lleva una mano a su zona genital mientras sueña con otra mujer que la que está a su lado: una mujer que había besado y que tenía una lengua que lo había vuelto loco. Ella, la que esta a su lado, mientras tanto, sueña con un hombre que tampoco es el que está a su lado sino su príncipe azul, que le hablaba de esa manera y se imagina como vendría vestido a verla y el sonido de su voz...

La cama habla de sexo y erotismo, de amor y de goce, de ansias y sueños frustrados y sobre todo de las PREPOSICIONES de la lengua. Esas que todavía recuerdo de memoria de la primaria. Uno a otro, uno ante otro, uno bajo otro, uno cabe el otro. Y seguían las preposiciones: uno sin otro, uno tras otro, uno para otro...

La LENGUA es el objeto del deseo y en tanto objeto es causa de los discursos más inflamados, de los recuerdos más excitantes, de las formas mas entreveradas de hacer calentar al otro. La sexualidad en la cama lleva a hablar, además de sexo, del amor y el goce.

¿Cómo pueden ser tan distintos el amor y el goce? Tanto como él y ella durmiendo en la misma cama, una y otra noche, tratando que ese amor y ese goce pasen por el que duerme a su lado. Comencemos por el AMOR. Por su discurso repetitivo y ensordecedor. - ¿Tu me quieres? - Dime tu primero que me quieres... - Yo te quiero tanto como tu me quieres a mí.

El amor muestra algo esencia en su contrato que es la reciprocidad. Amo en tanto me aman, amo en tanto soy amado, miro los ojos que me miran enamorados y me enamoro de los ojos que me miran enamorados del amor. El amor es como un trencito de reciprocidades. El problema del amor es su obsesión por el término del contrato. Decir contrato parece provocativo pues además de tener implicancias jurídicas, el término no es sólo el final del amor, la separación de los esposos en la cama matrimonial sino la asimetría que aparece en las grietas de esa unión. El amor plantea dos términos, dos lugares que se llama de diversos modos pero que llamaremos aquí: la problemática del CORTANTE Y del CORTADO.

Él cree que ella ha roto la ilusión al no dejarse besar como esa mujer del sueño, con esa lengua tan dulce. Ella cree que él ha roto la ilusión al no poder sentir eso que sostiene al amor: uno en el otro. Él supone que el cortado queda en una posición pasiva, por tanto, es el que más sufre. Levanta el cuchillo y lo introduce en esa mujer de la lengua tan dulce, esa que no está a su lado y goza. Ella supone que el cortante lo lleva consigo y le da lástima cortar a su marido aunque preferiría quedarse al lado del príncipe azul y que le siga hablando de aquel modo. ¡El goce es tan distinto al amor! El goce tiene que aparecer vestido y desvistiéndose; nos acerca tanto a la orgía como a la angustia. Frente a lo ilimitado que se plantea en el horizonte, él se toca los genitales tratando de aguantar y calentándose más y más y ella a su lado con esos sonidos de espasmos inaudibles, escuchando la voz del hombre, pierde la dimensión de su propio destino.

El hombre piensa que la orgía empieza cuando una mujer se saca la ropa, cuando supone que va a poder gozar del cuerpo de esa mujer. La mujer goza con ese sonido de voz en la oreja y ese sonido la convence de sacarse una capa, ¡todo, no! pues el goce que esta en el cuerpo, ese fondo de goce puede causar angustia: se debe desnudar sin aparecer al desnudo. La mujer sabe, que la orgía es ir tapando y destapando de a poco, gozando poco a poco. El goce es gustoso, es único lo que no puede resistirse pero es tan riesgozo como el baile de los siete velos.

El hombre insiste en soñar con la vaagina. E imagina lo bello que sería y cree que puede alcanzar el goce absoluto en el cuerpo al desnudo de esa mujer de la lengua que besa así. La desnuda e intenta ir hacia ella, en ese momento, con esa mujer, tan linda, lo que debería pasar no pasa, y aparece la maldita turbación. El hombre medio desesperado, aun en sueñ os, se pone a hablar de cualquier cosa, de lo primero que se le ocurre, y parece ahora una cotorra hablando a la oreja de esa mujer. Ella que escucha como le habla al oído se arroja a la nada. Se comienza a sacar la ropa. Ese hombre la tomaría en sus manos y ella se entregaría para que él la tome y pueda quizás hacerla su voluntad, instrumento de su deseo o gozarla como objeto.

Ese hombre toma a esa mujer que se entrega y se sorprende, tenia una erección. La mujer de la lengua tan dulce había desaparecido y a la que estaba tocando era a su mujer que también se había dado vuelta y mostraba sus ansias de hacer el amor, aparecían las formas comunes en que ellos solían encontrarse y tendrían éxito, por algo eran marido y mujer, se conocían hacia tanto tiempo y la cosa no funcionaba tan mal entre ellos.

El goce funciona, es una noche más, él y ella se encuentran y una lengua encima de otra lengua, y saben que se esta produciendo la magia. Una vez mas... Y ambos agradecen a sus dioses, él a esa lengua tan dulce, ella a esa solapa que muerde con desesperación. Fragmento del libro LENGUA DE MUJER. Historia condicionada del goce sexual de Martín H. Smud.

M Por Martín Smud

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